viernes, 3 de octubre de 2014

La universidad somos nosotros, la labor que desempeña un buen académico en el desarrollo y crecimiento de una universidad es vital e invaluable. Desde las propuestas creativas para fomentar la reflexión, la autocrítica, la pasión y la búsqueda de la superación en el alumno, son algunas de las bases con las que trabaja un docente comprometido.


Llevando consigo la satisfacción, la realización y el crecimiento en cada clase impartida con una mezcla perfecta de formación social y formación académica, es la labor que desempeña un docente en este complejo y a la vez interesante proceso en la construcción del estudiante universitario.
Paulo Freire expuso “La educación es verdadera praxis, reflexión y acción del hombre sobre el mundo para transformarlo” La educación verdadera es dotar al hombre de herramientas para trasformar el mundo, atractiva reflexión (Freire, 2009:3).

El saber quiénes somos como docentes, cuáles son nuestras habilidades en todo sentido (educativas, humanas, sociales etc.), vivir la vocación verdadera y continuamente rediseñarla, así como el saber compartir ese tesoro, con los alumnos, los compañeros docentes, coordinadores y otros altos mandos, respetando así como comprendiendo la formación y los conocimientos de los demás, logrando formar un proceso cíclico, es lo que nos guía a una mentalidad “individualista”, siendo esta la salvación de la universidad.

La gran riqueza que puede tener la educación es contar con elementos preciados “buenos académicos” que propongan, contagien, transmitan e influya en la formación de la universidad y todas estas virtudes sean valoradas y tomadas en cuenta. Lo antes planteado marca una lógica que se considera, todas las instituciones educativas deberían tener, pero tal pareciera en algunos casos está muy lejos de serlo.

Considero importante extraer tal cual el siguiente fragmento de las palabras de Luis Porter “aquellos seres humanos que se realizan y aportan a la sociedad y a veces a toda la humanidad a medida que avanzan en su propia realización, son raras excepciones o son reconocidos tardíamente. Pero afortunadamente estos individuos existen.” (Porter, 2003: 217).Cualidades que no pueden ser evaluadas por una encuesta escolar, cualidades que deber ser percibidas por un ojo observador y entrenado.


En el ámbito escolar nos podemos encontrar con pensamientos utópicos en repetidas ocasiones, cuando el docente visualiza a sus alumnos como un proyecto que se tiene que formar día a día, con toda dedicación, cuando se considera a la escuela como una fuente social que puede proveer de valores y enseñanzas a los alumnos y estos a su vez impacten su entorno.

¿Quién no quisiera desempeñar su rol como docente en una “universidad social”? en donde cada elemento que compone la universidad tenga voz y voto y sea pieza clave para la institución educativa, desarrollando y aprovechando cada una de sus habilidades, formando un lugar para todos.

Esto puede recordarnos la pedagogía de Decroly, en donde se plantea que la educación debe tener por fin colocar al individuo en condiciones que pueda conseguir el grado de desenvolvimiento y este está basado en el trabajo solidario, la misión principal es desarrollar una verdadera solidaridad en el individuo. (Decroly, 1968; 98)



Sean cuales sean las decisiones en las instituciones educativas, no debemos perder de vista quienes la conforman y el papel que juegan en ellas, depende del compromiso de los individuos el lograr o no un cambio, el docente como formador debe estar siempre consiente de lo que puede lograr su trabajo.


“El hombre debe ser protagonista de su propia historia y por eso es capaz de transformar la dinámica educativa cuando no favorezca a su realización”. (CEM, 2012: 68)


Bibliografía:

1) Freire Paulo (2009) La educación como práctica de la libertad, Siglo XXI, España.

2) Porter, Luis (2003) La universidad de papel. Ensayos sobre la educación superior, México: CEIICH-UNAM.

3) Decroly Ovide (1968) Iniciación general al método Decrol, Losada.

4) Conferencia del episcopado mexicano (2012) Educar para una nueva sociedad, Ediciones CEM, A.R., México.




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